jueves, febrero 11, 2010

El anfiteatro de Cartagena

El anfiteatro de Cartagena será un gran activo cultural y artístico para la Región

CARTAGENA- El consejero de Cultura y Turismo, Pedro Alberto Cruz, aseguró que el Anfiteatro de Cartagena «será un gran activo cultural y turístico para la Región de Murcia».
Cruz visitó ayer, acompañado por la alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro, y los miembros del Patronato de la Fundación del Anfiteatro Romano y Museo de Arte Contemporáneo, los nuevos hallazgos de las excavaciones realizadas en el yacimiento arqueológico.
En el recorrido, el consejero señaló que «ha sido una sorpresa positiva encontrar estos restos tan monumentales». «El Anfiteatro de Cartagena se le coloca así en el grupo de los seis anfiteatros monumentales descubiertos en la península, por lo que se va a convertir en un activo a explotar cultural y turísticamente por la Región», aseguró Cruz.
Asimismo, señaló que los restos hallados harán que «nos replanteemos el proyecto arqueológico inicial para que sea acorde a la magnitud de lo encontrado».
En los trabajos que se han venido realizando desde el mes de diciembre en la antigua plaza de toros se han empezado a descubrir nuevas estancias y estructuras monumentales: una primera grada, dividida a su vez en cinco y separada por un pasillo, así como una caja de escalera que accedía a dicho pasillo.
En la actualidad se han descubierto 17 anfiteatros en la península (España y Portugal), seis de ellos con estructuras de carácter monumental, y los cinco más importantes son el de Cartagena junto con Segóbriga, Mérida, Itálica y Tarraco. En cuanto a los materiales empleados, los graderíos están hechos de mortero romano, piedra volcánica y arenisca.
Por su parte, la alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro, afirmó que «el Anfiteatro formará, junto con el Teatro Romano y el Parque del Molinete, el conjunto arqueológico monumental que identifique nuestra ciudad en el mercado turístico y el mundo de la investigación».
En la visita a los hallazgos también participaron el director general de Bellas Artes, Enrique Ujaldón; además del concejal de Infraestructuras, Albaladejo, y un grupo de técnicos y arqueólogos que dieron explicaciones oportunas sobre las diversas excavaciones que se están realizando en estos momentos en la ciudad de Cartagena.


Fuente: La Razón

viernes, diciembre 25, 2009

La guerra que acabó con la Grecia clásica

Se publica en España 'La guerra del Peloponeso', de Donald Kagan, el mayor compendio sobre la 'guerra civil' entre Atenas y Esparta que puso fin al siglo de Pericles

Qué habría pensado el rey Leónidas si hubiese sabido que su pueblo, la aguerrida Esparta que se sacrificó para defender Grecia de las garras persas, iba también a precipitar el ocaso del siglo de oro griego. Porque lo que no consiguieron los ejércitos de Jerjes en las batallas de Termópilas, Salamina y Platea, lo lograron medio siglo después los propios griegos al enzarzarse en una devastadora guerra 'civil' entre Atenas y Esparta. La Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) supuso treinta años de una extrema brutalidad. Fue el golpe de gracia al fulgurante siglo V a. C. Adiós al esplendor intelectual y político de Pericles, Sócrates y Esquilo.

Fue algo comparable a una guerra mundial, según considera el historiador estadounidense y erudito del mundo clásico Donald Kagan. Su magna Historia de la Guerra del Peloponeso -cuatro disuasorios tomos de ochocientas páginas cada uno- llega ahora sintetizada en un manejable volumen de 700 páginas traducido por el historiador Alejandro Noguera en la editorial Edhasa. "Resultó ser la mayor convulsión que afectó a los helenos, a los bárbaros y, bien se podría decir, a la mayor parte de la Humanidad", escribió Tucídides, soldado en el bando ateniense y principal cronista del conflicto. Su Historia de la guerra del Peloponeso sigue siendo la mayor fuente para conocer aquel conflicto crucial en la historia de Occidente, que inicio de una época salvaje.

El relato de Tucídides, sin embargo, es incompleto, ya que no lo concluyó, así que hay que echar mano de la arqueología, la epigrafía y la numismática para componer una imagen de conjunto. "Si se pretende que el lector moderno comprenda sus complejidades sociales, políticas y militares en su totalidad, incluso el período tratado por Tucídides requiere una mayor clarificación", avisa Kagan en el prólogo. Pertrechado con la investigación académica acumulada durante décadas, Kagan ofrece una nueva aproximación a la guerra fratricida de los griegos, que "fue reconocida como el punto crítico de inflexión incluso por aquellos que combatieron en ella", subraya el historiador.

Una escalada de atrocidades

La violencia que siguió a la colisión entre Atenas y Esparta no tenía precedentes conocidos. "Resultó en una escalada de atrocidades,"- escribe Kagan- "que incluyeron la mutilación y el asesinato de los enemigos capturados, arrojados a fosas donde morían de sed, hambre o congelación, o empujados al mar hasta que se ahogasen. Bandas de forajidos dieron muerte a niños inocentes; se destruyeron ciudades enteras; los hombres eran ejecutados, las mujeres y niños eran vendidos como esclavos".

Kagan combina una profunda erudición con un estilo ameno y vívido que hace la lectura muy atractiva. Sus descripciones son sencillas y definitivas. Pericles es "el individuo más brillante y genial que jamás hubiera liderado la democracia de Atenas: aristócrata de la más alta alcurnia, hijo de un victorioso general y héroe de la guerra contra los persas". Un líder natural cuyo nombre pasaría a denominar el siglo de mayor esplendor de la Grecia antigua.

Son frecuentes las comparaciones de aquella guerra con la Primera Guerra Mundial, puesto que también provocó el fin de una era de progreso. Pero sobre todo la situación a finales del siglo V a. C. en el Peloponeso (la península meridional de la actual Grecia) se asemejaría a la Guerra Fría, según Kagan: "generales, diplomáticos, estadistas y académicos han comparado por igual las condiciones que condujeron a la guerra en Grecia con la rivalidad existente entre la OTAN y el Pacto de Varsovia".

Entre la democracia y la monarquía

En los dos casos, el contexto se dividía entre dos modelos opuestos. "La democracia ateniense y la monarquía militarizada espartana", recuerda Noguera, arqueólogo y licenciado en Historia por la Sorbona. En cuanto al legado de las dos sociedades no hay muchas dudas: "Esparta no dejó gran cosa", señala Noguera. Con todo, fue el bando que ganó la guerra entre las dos potencias en busca de hegemonía. A partir de entonces Grecia entró en una lenta decadencia.

La Guerra del Peloponeso juega un papel crucial en la historia universal, según subraya Kagan. "He emprendido este proyecto porque creo que, más que nunca, esta guerra es un relato de una fuerza tal, que puede leerse como una extraordinaria tragedia humana", escribe el historiador. Un relato que "narra el ascenso y la caída de un gran imperio, el choque entre dos sociedades y formas de vida muy diferentes entre sí, el papel desempeñado por la inteligencia y la fortuna en los asuntos humanos y, sin olvidar a la colectividad, el de individuos brillantemente dotados a la hora de determinar el curso de los acontecimientos, aunque sujetos, a su vez, a las limitaciones impuestas por la naturaleza, el destino y sus semejantes".

El País 25/12/2009

lunes, octubre 12, 2009

Arqueólogos sacan a la luz el comedor rotante de Nerón

La leyenda del comedor que gira imitando el movimiento rotatorio de la tierra, se ha convertido en realidad. No se trata de la última innovación tecnológica, sino que ha sido el descubrimiento realizado por un grupo de arqueólogos italo-franceses, confirmando la presencia de una habitación con estas características perteneciente a la Domus Aurea de Nerón.
Con este descubrimiento, la «coenatio rotunda» descrita por Svetonio en la «Vida de los Césares» recobra vida. Tras el incendio de Roma en el 64 después de Cristo, el excéntrico emperador se hizo construir una nueva residencia con paredes recubiertas de mármol y piedras preciosas. El lujo era tal que la casa se denominó «Domus Aurea». Precisamenete en el interior de la morada que se extendía por más de 2,5 kilómetros cuadrados entre el Palatino y Cole Oppio, se encontraba esta habitación circular con la que Nerón sorprendía a sus invitados.
El comedor ideado por el emperador romano y construido por sus arquitectos de confianza, Celere y Severo, tenía una base de agua con una especie de parqué flotante que permitía la rotación de la estructura. Por ahora sólo es posible ver el muro de dos metros que delimita el perímetro de la habitación que dibuja un círculo de 16 metros. Los pilares y la pared de la estructura aparecen unidos por una serie de arcos que cubren el primer nivel de la habitación compuesta de dos pisos. Según los arqueólogos la estructura estaba compuesta por un total de siete arcos, cuatro en el nivel superior, y tres en el inferior.
«Se trata un estructura que no tiene comparación con nada parecido en la antigüedad», comentó a los medios la directora de las excavaciones, María Antonietta Tomei quien puso en evidencia la importancia del pilar central de grandes dimensiones sobre el que se apoya toda la estructura. La Domus Aurea de Nerón se ha conservado gracias a que sus herederos cubrieron la villa para borrar toda huella del emperador. Los lujosos salones fueron desmontados y cubiertos, elevando encima las termas de Tito y Trajano, mientras que en el valle bajo la casa, se construyó el Coliseo


[ABC EFE VERÓNICA BECERRIL ROMA Actualizado Jueves, 01-10-09 a las 20:13]

viernes, octubre 09, 2009

Hypatia, la otra gran alejandrina

La película de Alejandro Amenábar 'Ágora' provoca un alud de publicaciones sobre la gran erudita y aviva la controversia en torno a su figura. La astrónoma y filósofa vivió una época crucial marcada por la intolerancia


Entre Cleopatra y Justine, la antigua reina y el personaje moderno de Lawrence Durrell, está Hypatia, la otra gran alejandrina. Juntas, las tres mujeres representan perfectamente el alma de Alejandría, la capital de los Ptolomeos -con los inigualables Biblioteca y Museo, el alto Faro y el Soma, la resplandeciente tumba del fundador, Alejandro Magno- pero también la ciudad arruinada de innumerables calles en las que se arremolina el polvo de la historia, la ciudad de las rencillas religiosas, la decrépita y melancólica del Viejo (Kavafis), la ciudad recreada por E. M. Forster, la ciudad, en fin, "de las cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones, el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera, pero con más de cinco sexos", como la describió Durrell en su Cuarteto. Alejandría... con Atenas y Roma la gran partera de nuestra civilización y el crisol de tantos sueños, amores y maravillas.

Congregaba entre sus alumnos tanto a paganos como a cristianos y predicaba la moderación
Su muerte brutal fue más fruto de envidias políticas que de causas religiosas
Si Cleopatra representa la gran Alejandría de la antigüedad clásica y el momento emblemático en el que la historia se adhiere al mito para no dejar de reencarnar hasta Hollywood con esfinges, senos y áspides, la ficticia Justine simboliza la metrópoli de devastados romanticismo y literatura, la que huele a podredumbre y a Jamais de la vie -el perfume del personaje- y que no se atalaya desde ningún lugar mejor que desde la terraza del Cecil Hotel, abierta a los viejos puertos donde duermen sumergidas las ruinas de palacios y templos. A distancia de una y de otra, de Cleopatra y de Justine, tan diferente de ambas, Hypatia, científica, filósofa, unos dicen que virgen (otros que promiscua), es el arquetipo de una tercera Alejandría, la que, suspendida en el fiel de la historia, envuelta en un clima de catástrofe y fanatismo, se aferra un último momento a su evanescente grandeza intentando reinventarse a sí misma para precipitarse luego en el caos, la oscuridad y la sinrazón, las sombras y la decadencia que serán ya para siempre, también, su herencia.
Ahora, la nueva película de Alejandro Amenábar, Ágora, ofrece para un público amplio por primera vez (si exceptuamos aquella serie televisiva de Carl Sagan, Cosmos, que dio a conocer a mucha gente en los años setenta el nombre de la pensadora y científica) la figura de Hypatia. Es un propósito noble que de entrada sólo cabe alabar y que ha provocado un estimable y curioso fenómeno de hypatismo que se traduce en un asombroso brote de publicaciones sobre la astrónoma, especialmente en el género de la novela histórica -también interesantes biografías como la de Dzielska en Siruela o la reivindicativa monografía a cargo de un grupo de jóvenes científicas españolas (editorial Hipatia, 2009)-. Ágora, hay que recordarlo, es una ficción cinematográfica, sujeta a las convenciones del género (el filme se centra en un personaje imaginario, el esclavo Davo, enamorado de la protagonista), pero ya ha creado controversia entre los que creen que se trivializa, adultera y falsifica la vida y la obra de Hypatia.
En realidad, no tiene sentido ponerse muy estupendos sobre el particular, porque no es mucho lo que sabemos a ciencia cierta de esa extraordinaria mujer a la que, para turbación de los amantes de Egipto, encarna en Ágora Rachel Weisz, la misma actriz que hizo de princesa Nefertiti (sic) en The Mummy returns, aunque aquí está mucho más serena, más filósofa, claro, y viste el adusto tribon y no los sensuales corpiños de fantasía faraónica de la película de Stephen Sommers.
Hypatia nació alrededor de 355 en Alejandría, en plena élite académica de la ciudad, pues era hija de Theon, el último gran nombre que puede asociarse con el célebre Museo, una de las grandes señas de identidad intelectual de la metrópoli. La chica colaboró con su padre, a cuyo lado aprendió astronomía, matemáticas y otros saberes, inclinándose, al parecer, especialmente por la filosofía. Encontramos su nombre por primera vez en los comentarios de Theon al Almagesto de Ptolomeo en los que consta -y podemos vislumbrar el orgullo del sabio progenitor a través de la niebla de los siglos- la anotación: "Edición revisada por mi hija Hypatia la Filósofa". No ha sobrevivido ninguna de las obras originales de Hypatia pero una fuente nos dice que "era por naturaleza más refinada y talentosa que su padre". Vaya usted a saber. Fue una matemática brillante, que escribió comentarios a, por ejemplo, la Arithmetica, la compleja obra del inventor del álgebra, Diofanto de Alejandría (el sabio en cuyo epitafio figura un simpático problema matemático para dilucidar su edad). No hay evidencia de que Hypatia fuera miembro del Museo ni "la última bibliotecaria", y ya ni digamos una belleza, como algunos la han considerado.
La astrónoma vivió en un momento en que las grandes instituciones de la ciudad, que había sufrido los avatares de la historia (como el odio de Caracalla) y, en 365, un gran terremoto seguido de un tsunami, estaban en decadencia y sus monumentos -la gran Biblioteca, el Faro, la tumba de Alejandro- desaparecidos o en ruinas. Sabemos que montó su propia escuela, donde impartió enseñanzas de ciencias pero asimismo de ética, ontología y filosofía (las enseñanzas de Pitágoras, de Platón y el neoplatonismo de Amonio Sacas -ex estibador, lo que hay que ver, de los muelles alejandrinos- y Plotino), en un clima que nos la muestra también como algo cercano a lo que hoy denominaríamos un maestro de vida o incluso un gurú. Entre sus alumnos, muchos de ellos aristócratas y gente influyente, estuvo Sinesio de Cirene -que llegó a ser obispo en la Cirenaica-, del que se conservan 156 cartas en las que habla de la vida en la ciudad y que son la mejor fuente de lo poco que se conoce sobre Hypatia. En una de ellas, explica entusiasmado: "Hemos visto con nuestros ojos, hemos escuchado con nuestros oídos a la señora que legítimamente preside los misterios de la filosofía".
Durante años se quiso ver a Hypatia como la última pagana, irreductible, enfrentada al cristianismo hirsuto representado por héroes como San Antonio que consideraba bañarse pecaminoso y en consecuencia era llevado a través de los canales del Delta por un ángel. El brutal asesinato de la erudita a manos de una turba de fanáticos en marzo del 415 habría sido un martirio y la manifestación de la victoria definitiva de una religión sobre otra, un hecho similar a la precedente destrucción del Serapeum y de la estatua de Serapis -y de los fondos supervivientes de la Biblioteca que allí se guardaban-, que marcó el fin del paganismo. Forster abonaba esta teoría que en realidad no se sostiene, pues Hypatia siguió en activo tras la radical clausura del templo, congregaba entre sus alumnos tanto a paganos como a cristianos, predicaba la moderación y se mantenía al margen de los peligrosos conflictos doctrinarios. Su muerte, a los 60 años (y no cuarentona), fue más bien producto de envidias políticas en el seno de una lucha por el poder.
La gran influencia de Hypatia en la vida alejandrina -el prefecto Orestes, cristiano, asistía a sus clases- molestaba al ambicioso nuevo obispo de la ciudad, Cirilo, elegido en el 412 y que ya había provocado disturbios soltando a los monjes de la Tebaida en la ciudad contra los judíos y las autoridades. Parece que fue él el que difundió la especie de que la astrónoma practicaba la magia negra y la brujería (sabía usar un astrolabio, lo que nos puede parecer raro hasta a nosotros) y el que incitó a la caterva de parabolanos -auténticos talibanes cristianos- a que detuvieran su carro aquel funesto día cerca del viejo Cesareum, le arrancaran la ropa, la arrastraran hasta el edificio convertido en iglesia y la desollaran con afilados fragmentos de cerámica. Desgraciadamente no hubo, como en el filme, un fiel Davo que le diera una muerte misericordiosa. Los despojos de la filósofa fueron llevados al Kinaron, fuera de las murallas y quemados.
No cabe sino recibir el regreso de Hypatia, y su ejemplo, con alegría. Un personaje femenino extraordinario, libre, que destacó en un tiempo en el que la mujer tenía poco o ningún acceso al conocimiento y a la fama. La primera científica conocida. La postrera llama de la sabiduría y la tolerancia en un mundo embrutecido que se despeñaba en la barbarie. Un faro en fin de la ciudad que, esplendorosa en su ruina, continúa iluminándonos.


[El País - JACINTO ANTÓN 09/10/2009 ]

sábado, junio 13, 2009

La Roma antigua: cultura del reciclaje y la reutilización

Desde los inicios del Imperio, los romanos depositaban los elementos residuales fuera de la población

Mientras que en pleno siglo XXI, con los avances científico-tecnológicos y la globalización se continúa aún reflexionando y debatiendo sobre la preservación de la ecología, en la antigüedad, los romanos reutilizaban y reciclaban más que el hombre actual.

El arqueólogo cacereño Jesús Acero, experto en los vertederos (basureros)de la provincia romana de Lusitania, los puticulum o pudrideros, ha explicado que, tanto los documentos que hablan de los residuos en el Imperio como los restos hallados, confirman que la conciencia medioambiental romana era superior a la actual.
Acero, quien lleva cinco años estudiando los vertederos clásicos y que tiene una beca del Instituto de Arqueología de Mérida, es el único investigador en el mundo que ha centrado su tesis doctoral en la gestión y evacuación de residuos sólidos y líquidos urbanos en ciudades romanas. "La tendencia a agruparse en grandes núcleos poblacionales les llevó a establecer medidas higiénicas innovadoras hasta ese momento, como la gestión de residuos mediante vertederos y el alcantarillado urbano público", afirma el arqueólogo.
La mayoría de los residuos descubiertos en los pudrideros romanos pertenecen a desechos de ceniza, carbones, huesos, animales y conchas, mientras que los elementos inorgánicos aparecen en un porcentaje mucho menor.
Los recipientes inorgánicos, como la cerámica, tenían una segunda utilidad y eran quemados para utilizarlos en la agricultura, mientras que el mármol era transformado en cal y los metales eran refundidos de manera constante.
Asimismo, las industrias de la época, como las alfarerías, disponían de basureros específicos, alfares, en los que sólo se vertían elementos de estas factorías.
Según ha explicado, desde los inicios del Imperio las administraciones locales romanas obligaron a la ciudadanía a depositar los elementos residuales en los extramuros, de modo que los vertederos se distanciaron de la población. Estos espacios estaban gestionados por los estercolari (basureros), que disponían de los carrus estercolari (carros de basura), destinados a tirar la basura.
Respecto a las cloacas subterráneas, Acero subraya que el sistema supuso un sistema vanguardista que se utilizó por primera vez en la historia del hombre y establecía redes que rodeaban el núcleo urbano y desembocaban en el río. Todos los inmuebles estaban conectados a la red de cloacas y el sistema estuvo a pleno rendimiento hasta el final del Imperio.

Fuente: EL País 13/06/09

martes, enero 08, 2008

Los últimos días de Calígula

El emperador se dirigió al Senado escoltado por su guardia personal. Como cada día, el miedo a ser atacado había obligado a Cayo César Germánico, alias Calígula, a situarse en una butaca considerablemente más alta que las demás. Por si no fuera suficiente, los guardias formaron una cortina de lanzas para protegerle.
Aquel 24 de enero del año 41, Calígula fue incitado a dejar a sus protectores para acudir a un festejo. "En la noche, unos jóvenes le abordaron mientras se aproximaba Querea, el comandante de la Guardia Pretoriana que consumó la traición", relata el historiador Suetonio. Querea le seccionó parte del cuello y y gritó la consigna convenida por los conspiradores. Al oírla, el tribuno Cornelio Sabino clavó su espada en el pecho del emperador.
"¡Dadle una vez más!"
El propio Suetonio habla de una segunda versión que discrepa respecto a los participantes implicados. Además de los dos personajes mencionados, varios conjurados más habrían propinado a Calígula unas 30 puñaladas mientras se retorcía de dolor en el suelo. Algunos gritaron: "¡Dadle una vez más!, ¡Dadle una vez más!", que era la frase favorita del emperador cuando iba al circo.
Su muerte cumplió el canon de delirio que había teñido su vida, y pocos dieron crédito a su asesinato, pues se pensó que todo obedecía a un rumor difundido por el propio Calígula para sondear los sentimientos de su pueblo. Nada extraño si tenemos en cuenta las excentricidades que rodearon a su breve -tenía 28 años cuando murió- pero intensa vida.
En realidad, durante su periodo como emperador (37-41 d. C.), encontraremos a un déspota e insensato que adora a su caballo como a un dios, pero también a un joven príncipe que sustituye la imagen seria de su antecesor, el emperador Tiberio. Esta dualidad que lo rodeó de misterio no desaparecerá ni el día de su muerte.
Nacido en Anzio en el año 12, Calígula fue adoptado junto a su hermano Druso después de que Tiberio asesinara a su familia. Con el tiempo se convirtió en el predilecto del emperador y a los 19 es llamado para trasladarse junto a él a Capri. Tiberio necesitaba comprobar el carácter de su protegido y su fidelidad. Después de lo que le hizo a su familia, debía asegurarse de que no albergaba ansias de venganza. Para ello, el emperador no escatimó en medios y lo rodeó de espías para mantenerle controlado. Calígula superó la prueba, pero su tendencia hacia la tortura no pasó desapercibida.
Reinado de abusos y excesos
En el año 37, Tiberio muere en extrañas circunstancias y Calígula es proclamado emperador. "Que me odien, siempre y cuando me teman", exclama. Para hacerse respetar, concede autonomía a los jueces y devuelve los tronos a los soberanos de los pueblos limítrofes.
Pero su benevolencia duró poco. En octubre de ese año, una enfermedad trastorna su mente y le convierte en el loco cruel que la historia nos ha legado. A los senadores, por ejemplo, les exigía permanecer arrodillados durante horas. Decapitó estatuas de dioses griegos para colocar su cabeza en ellas. Y obligó a su suegro a degollarse por negarse a dar un paseo con él.
Los excesos de Calígula, por Suetonio
Gran derrochador
"Nada ambiciona tanto Calígula como ejecutar lo irrealizable. Es un derrochador. En menos de un año ha disipado todos los tesoros de Tiberio, que ascendían a 2.700 millones de sestercios".
El desequilibrado
"Tiene la parte superior de la cabeza calva y el cuerpo velludo. Por ello es delito mirarle desde lo alto. Piensa que se parece a una cabra, y ha decidido que si alguien pronuncia esta palabra en su presencia será ejecutado".
Esclavo de sus pasiones
"Su pasión por los que le agradan llega casi a la locura. Besa al payaso Mnester en pleno teatro, y si alguien hace el más leve ruido mientras baila, ordena llevar a su presencia al perturbador y lo azota con su propia mano".
Con su mascota Incitatus
"Quiere tanto a un caballo al que tiene por nombre Incitatus que en la víspera de las carreras del circo ha llegado a mandar soldados a imponer silencio en la vecindad para que nadie turbe el descanso del animal".


Fuente: Diario Público 8/1/2008

jueves, diciembre 13, 2007

Descubierto bajo la catedral de Tarragona un templo igual al dedicado a Augusto

La prospección geofísica realizada en el subsuelo de la catedral de Tarragona ha permitido localizar un templo de ocho columnas frontales igual al dedicado a Cesar Augusto en la antigua Tarraco, por lo que los arqueólogos dan prácticamente por seguro que se trata del construido en honor del emperador romano en el siglo I después de Cristo.
En una rueda de prensa, el arqueólogo del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC) Josep Maria Macias ha revelado que se trata de un templo de 25 por 40 metros, cuyos vestigios se encuentran a un metro y medio de profundidad, bajo la actual nave central de la catedral. Estos restos corresponderían al templo de Augusto, tal y como afirman los arqueólogos, aunque no lo suscriben al cien por cien hasta que no realicen un estudio más profundo de los restos encontrados, y han subrayado que los resultados expuestos hoy tienen un carácter "preliminar". En este sentido, los responsables de las prospecciones han pedido "prudencia" y, para corroborar la principal hipótesis de los expertos, podrían realizarse algunas intervenciones arqueológicas selectivas a finales de 2008 o principios de 2009.
Además, el equipo de científicos del ICAC y de la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona, en colaboración con la Universidad de Palermo y el Museo Bíblico Tarraconense, todavía analiza los resultados de las prospecciones, que se realizaron el pasado mes de septiembre con tecnología "punta y poco agresiva". Estas técnicas, de inducción electromagnética, han permitido la obtención de "centenares de miles de datos de toda la extensión del subsuelo y hasta diez metros de profundidad", de modo que se dispone de "una imagen tridimensional" de las entrañas de la catedral.
La imagen tridimensional muestra un templo con una estructura de ocho columnas frontales, situado en el centro de una plaza porticada y que se levanta sobre un podium, los cimientos del templo, que todavía se conservan bajo el pavimento de la catedral. Esta estructura permite a los arqueólogos mostrarse "optimistas", por lo que el director del Museo Bíblico Tarraconense, Amadeu Muñoz, ha señalado que los datos recogidos dejan "poco espacio a otras interpretaciones" que no pasen por la existencia del templo de Augusto en los cimientos de la catedral de Tarragona. En la misma línea, la directora del ICAC, Isabel Rodá, ha reconocido que "la lógica dice que éste es el templo de Augusto".
La prueba de las monedas
El principal argumento para creer que los restos pertenecen a ese lugar de culto es que los vestigios se corresponden con unas monedas que se acuñaron en el año 15 después de Cristo con la imagen de Augusto, en una cara, y la de un templo con ocho columnas frontales dedicado al emperador romano después de su muerte, en la otra.
No obstante, Macias ha apuntado que "no sabemos si la imagen acuñada en las monedas se corresponde con el templo real", si bien ha asegurado que, de no tratarse del templo de Augusto, "tendríamos un problema, porque no sabríamos ante qué construcción estamos". Ya en los Anales de Tácito queda documentada la existencia de un templo de culto dedicado al emperador Augusto en la antigua Tarraco, e incluso parece probado que una embajada tarraconense viajó a Roma en el siglo I d.C y obtuvo el permiso de Tiberio, sucesor de Augusto, para la construcción del recinto.
Durante años se ha creído que el recinto de culto se ubicaba en el Fórum de la Colonia, en la Part Baixa, donde se desarrollaba la vida económica y social de la ciudad, pero las excavaciones realizadas en la zona no han arrojado luz sobre tal hipótesis y sólo han podido documentar la existencia de un templo republicano.

Diario El País 13/12/07