lunes, octubre 12, 2009

Arqueólogos sacan a la luz el comedor rotante de Nerón

La leyenda del comedor que gira imitando el movimiento rotatorio de la tierra, se ha convertido en realidad. No se trata de la última innovación tecnológica, sino que ha sido el descubrimiento realizado por un grupo de arqueólogos italo-franceses, confirmando la presencia de una habitación con estas características perteneciente a la Domus Aurea de Nerón.
Con este descubrimiento, la «coenatio rotunda» descrita por Svetonio en la «Vida de los Césares» recobra vida. Tras el incendio de Roma en el 64 después de Cristo, el excéntrico emperador se hizo construir una nueva residencia con paredes recubiertas de mármol y piedras preciosas. El lujo era tal que la casa se denominó «Domus Aurea». Precisamenete en el interior de la morada que se extendía por más de 2,5 kilómetros cuadrados entre el Palatino y Cole Oppio, se encontraba esta habitación circular con la que Nerón sorprendía a sus invitados.
El comedor ideado por el emperador romano y construido por sus arquitectos de confianza, Celere y Severo, tenía una base de agua con una especie de parqué flotante que permitía la rotación de la estructura. Por ahora sólo es posible ver el muro de dos metros que delimita el perímetro de la habitación que dibuja un círculo de 16 metros. Los pilares y la pared de la estructura aparecen unidos por una serie de arcos que cubren el primer nivel de la habitación compuesta de dos pisos. Según los arqueólogos la estructura estaba compuesta por un total de siete arcos, cuatro en el nivel superior, y tres en el inferior.
«Se trata un estructura que no tiene comparación con nada parecido en la antigüedad», comentó a los medios la directora de las excavaciones, María Antonietta Tomei quien puso en evidencia la importancia del pilar central de grandes dimensiones sobre el que se apoya toda la estructura. La Domus Aurea de Nerón se ha conservado gracias a que sus herederos cubrieron la villa para borrar toda huella del emperador. Los lujosos salones fueron desmontados y cubiertos, elevando encima las termas de Tito y Trajano, mientras que en el valle bajo la casa, se construyó el Coliseo


[ABC EFE VERÓNICA BECERRIL ROMA Actualizado Jueves, 01-10-09 a las 20:13]

viernes, octubre 09, 2009

Hypatia, la otra gran alejandrina

La película de Alejandro Amenábar 'Ágora' provoca un alud de publicaciones sobre la gran erudita y aviva la controversia en torno a su figura. La astrónoma y filósofa vivió una época crucial marcada por la intolerancia


Entre Cleopatra y Justine, la antigua reina y el personaje moderno de Lawrence Durrell, está Hypatia, la otra gran alejandrina. Juntas, las tres mujeres representan perfectamente el alma de Alejandría, la capital de los Ptolomeos -con los inigualables Biblioteca y Museo, el alto Faro y el Soma, la resplandeciente tumba del fundador, Alejandro Magno- pero también la ciudad arruinada de innumerables calles en las que se arremolina el polvo de la historia, la ciudad de las rencillas religiosas, la decrépita y melancólica del Viejo (Kavafis), la ciudad recreada por E. M. Forster, la ciudad, en fin, "de las cinco razas, cinco lenguas, una docena de religiones, el reflejo de cinco flotas en el agua grasienta, más allá de la escollera, pero con más de cinco sexos", como la describió Durrell en su Cuarteto. Alejandría... con Atenas y Roma la gran partera de nuestra civilización y el crisol de tantos sueños, amores y maravillas.

Congregaba entre sus alumnos tanto a paganos como a cristianos y predicaba la moderación
Su muerte brutal fue más fruto de envidias políticas que de causas religiosas
Si Cleopatra representa la gran Alejandría de la antigüedad clásica y el momento emblemático en el que la historia se adhiere al mito para no dejar de reencarnar hasta Hollywood con esfinges, senos y áspides, la ficticia Justine simboliza la metrópoli de devastados romanticismo y literatura, la que huele a podredumbre y a Jamais de la vie -el perfume del personaje- y que no se atalaya desde ningún lugar mejor que desde la terraza del Cecil Hotel, abierta a los viejos puertos donde duermen sumergidas las ruinas de palacios y templos. A distancia de una y de otra, de Cleopatra y de Justine, tan diferente de ambas, Hypatia, científica, filósofa, unos dicen que virgen (otros que promiscua), es el arquetipo de una tercera Alejandría, la que, suspendida en el fiel de la historia, envuelta en un clima de catástrofe y fanatismo, se aferra un último momento a su evanescente grandeza intentando reinventarse a sí misma para precipitarse luego en el caos, la oscuridad y la sinrazón, las sombras y la decadencia que serán ya para siempre, también, su herencia.
Ahora, la nueva película de Alejandro Amenábar, Ágora, ofrece para un público amplio por primera vez (si exceptuamos aquella serie televisiva de Carl Sagan, Cosmos, que dio a conocer a mucha gente en los años setenta el nombre de la pensadora y científica) la figura de Hypatia. Es un propósito noble que de entrada sólo cabe alabar y que ha provocado un estimable y curioso fenómeno de hypatismo que se traduce en un asombroso brote de publicaciones sobre la astrónoma, especialmente en el género de la novela histórica -también interesantes biografías como la de Dzielska en Siruela o la reivindicativa monografía a cargo de un grupo de jóvenes científicas españolas (editorial Hipatia, 2009)-. Ágora, hay que recordarlo, es una ficción cinematográfica, sujeta a las convenciones del género (el filme se centra en un personaje imaginario, el esclavo Davo, enamorado de la protagonista), pero ya ha creado controversia entre los que creen que se trivializa, adultera y falsifica la vida y la obra de Hypatia.
En realidad, no tiene sentido ponerse muy estupendos sobre el particular, porque no es mucho lo que sabemos a ciencia cierta de esa extraordinaria mujer a la que, para turbación de los amantes de Egipto, encarna en Ágora Rachel Weisz, la misma actriz que hizo de princesa Nefertiti (sic) en The Mummy returns, aunque aquí está mucho más serena, más filósofa, claro, y viste el adusto tribon y no los sensuales corpiños de fantasía faraónica de la película de Stephen Sommers.
Hypatia nació alrededor de 355 en Alejandría, en plena élite académica de la ciudad, pues era hija de Theon, el último gran nombre que puede asociarse con el célebre Museo, una de las grandes señas de identidad intelectual de la metrópoli. La chica colaboró con su padre, a cuyo lado aprendió astronomía, matemáticas y otros saberes, inclinándose, al parecer, especialmente por la filosofía. Encontramos su nombre por primera vez en los comentarios de Theon al Almagesto de Ptolomeo en los que consta -y podemos vislumbrar el orgullo del sabio progenitor a través de la niebla de los siglos- la anotación: "Edición revisada por mi hija Hypatia la Filósofa". No ha sobrevivido ninguna de las obras originales de Hypatia pero una fuente nos dice que "era por naturaleza más refinada y talentosa que su padre". Vaya usted a saber. Fue una matemática brillante, que escribió comentarios a, por ejemplo, la Arithmetica, la compleja obra del inventor del álgebra, Diofanto de Alejandría (el sabio en cuyo epitafio figura un simpático problema matemático para dilucidar su edad). No hay evidencia de que Hypatia fuera miembro del Museo ni "la última bibliotecaria", y ya ni digamos una belleza, como algunos la han considerado.
La astrónoma vivió en un momento en que las grandes instituciones de la ciudad, que había sufrido los avatares de la historia (como el odio de Caracalla) y, en 365, un gran terremoto seguido de un tsunami, estaban en decadencia y sus monumentos -la gran Biblioteca, el Faro, la tumba de Alejandro- desaparecidos o en ruinas. Sabemos que montó su propia escuela, donde impartió enseñanzas de ciencias pero asimismo de ética, ontología y filosofía (las enseñanzas de Pitágoras, de Platón y el neoplatonismo de Amonio Sacas -ex estibador, lo que hay que ver, de los muelles alejandrinos- y Plotino), en un clima que nos la muestra también como algo cercano a lo que hoy denominaríamos un maestro de vida o incluso un gurú. Entre sus alumnos, muchos de ellos aristócratas y gente influyente, estuvo Sinesio de Cirene -que llegó a ser obispo en la Cirenaica-, del que se conservan 156 cartas en las que habla de la vida en la ciudad y que son la mejor fuente de lo poco que se conoce sobre Hypatia. En una de ellas, explica entusiasmado: "Hemos visto con nuestros ojos, hemos escuchado con nuestros oídos a la señora que legítimamente preside los misterios de la filosofía".
Durante años se quiso ver a Hypatia como la última pagana, irreductible, enfrentada al cristianismo hirsuto representado por héroes como San Antonio que consideraba bañarse pecaminoso y en consecuencia era llevado a través de los canales del Delta por un ángel. El brutal asesinato de la erudita a manos de una turba de fanáticos en marzo del 415 habría sido un martirio y la manifestación de la victoria definitiva de una religión sobre otra, un hecho similar a la precedente destrucción del Serapeum y de la estatua de Serapis -y de los fondos supervivientes de la Biblioteca que allí se guardaban-, que marcó el fin del paganismo. Forster abonaba esta teoría que en realidad no se sostiene, pues Hypatia siguió en activo tras la radical clausura del templo, congregaba entre sus alumnos tanto a paganos como a cristianos, predicaba la moderación y se mantenía al margen de los peligrosos conflictos doctrinarios. Su muerte, a los 60 años (y no cuarentona), fue más bien producto de envidias políticas en el seno de una lucha por el poder.
La gran influencia de Hypatia en la vida alejandrina -el prefecto Orestes, cristiano, asistía a sus clases- molestaba al ambicioso nuevo obispo de la ciudad, Cirilo, elegido en el 412 y que ya había provocado disturbios soltando a los monjes de la Tebaida en la ciudad contra los judíos y las autoridades. Parece que fue él el que difundió la especie de que la astrónoma practicaba la magia negra y la brujería (sabía usar un astrolabio, lo que nos puede parecer raro hasta a nosotros) y el que incitó a la caterva de parabolanos -auténticos talibanes cristianos- a que detuvieran su carro aquel funesto día cerca del viejo Cesareum, le arrancaran la ropa, la arrastraran hasta el edificio convertido en iglesia y la desollaran con afilados fragmentos de cerámica. Desgraciadamente no hubo, como en el filme, un fiel Davo que le diera una muerte misericordiosa. Los despojos de la filósofa fueron llevados al Kinaron, fuera de las murallas y quemados.
No cabe sino recibir el regreso de Hypatia, y su ejemplo, con alegría. Un personaje femenino extraordinario, libre, que destacó en un tiempo en el que la mujer tenía poco o ningún acceso al conocimiento y a la fama. La primera científica conocida. La postrera llama de la sabiduría y la tolerancia en un mundo embrutecido que se despeñaba en la barbarie. Un faro en fin de la ciudad que, esplendorosa en su ruina, continúa iluminándonos.


[El País - JACINTO ANTÓN 09/10/2009 ]

sábado, junio 13, 2009

La Roma antigua: cultura del reciclaje y la reutilización

Desde los inicios del Imperio, los romanos depositaban los elementos residuales fuera de la población

Mientras que en pleno siglo XXI, con los avances científico-tecnológicos y la globalización se continúa aún reflexionando y debatiendo sobre la preservación de la ecología, en la antigüedad, los romanos reutilizaban y reciclaban más que el hombre actual.

El arqueólogo cacereño Jesús Acero, experto en los vertederos (basureros)de la provincia romana de Lusitania, los puticulum o pudrideros, ha explicado que, tanto los documentos que hablan de los residuos en el Imperio como los restos hallados, confirman que la conciencia medioambiental romana era superior a la actual.
Acero, quien lleva cinco años estudiando los vertederos clásicos y que tiene una beca del Instituto de Arqueología de Mérida, es el único investigador en el mundo que ha centrado su tesis doctoral en la gestión y evacuación de residuos sólidos y líquidos urbanos en ciudades romanas. "La tendencia a agruparse en grandes núcleos poblacionales les llevó a establecer medidas higiénicas innovadoras hasta ese momento, como la gestión de residuos mediante vertederos y el alcantarillado urbano público", afirma el arqueólogo.
La mayoría de los residuos descubiertos en los pudrideros romanos pertenecen a desechos de ceniza, carbones, huesos, animales y conchas, mientras que los elementos inorgánicos aparecen en un porcentaje mucho menor.
Los recipientes inorgánicos, como la cerámica, tenían una segunda utilidad y eran quemados para utilizarlos en la agricultura, mientras que el mármol era transformado en cal y los metales eran refundidos de manera constante.
Asimismo, las industrias de la época, como las alfarerías, disponían de basureros específicos, alfares, en los que sólo se vertían elementos de estas factorías.
Según ha explicado, desde los inicios del Imperio las administraciones locales romanas obligaron a la ciudadanía a depositar los elementos residuales en los extramuros, de modo que los vertederos se distanciaron de la población. Estos espacios estaban gestionados por los estercolari (basureros), que disponían de los carrus estercolari (carros de basura), destinados a tirar la basura.
Respecto a las cloacas subterráneas, Acero subraya que el sistema supuso un sistema vanguardista que se utilizó por primera vez en la historia del hombre y establecía redes que rodeaban el núcleo urbano y desembocaban en el río. Todos los inmuebles estaban conectados a la red de cloacas y el sistema estuvo a pleno rendimiento hasta el final del Imperio.

Fuente: EL País 13/06/09

martes, enero 08, 2008

Los últimos días de Calígula

El emperador se dirigió al Senado escoltado por su guardia personal. Como cada día, el miedo a ser atacado había obligado a Cayo César Germánico, alias Calígula, a situarse en una butaca considerablemente más alta que las demás. Por si no fuera suficiente, los guardias formaron una cortina de lanzas para protegerle.
Aquel 24 de enero del año 41, Calígula fue incitado a dejar a sus protectores para acudir a un festejo. "En la noche, unos jóvenes le abordaron mientras se aproximaba Querea, el comandante de la Guardia Pretoriana que consumó la traición", relata el historiador Suetonio. Querea le seccionó parte del cuello y y gritó la consigna convenida por los conspiradores. Al oírla, el tribuno Cornelio Sabino clavó su espada en el pecho del emperador.
"¡Dadle una vez más!"
El propio Suetonio habla de una segunda versión que discrepa respecto a los participantes implicados. Además de los dos personajes mencionados, varios conjurados más habrían propinado a Calígula unas 30 puñaladas mientras se retorcía de dolor en el suelo. Algunos gritaron: "¡Dadle una vez más!, ¡Dadle una vez más!", que era la frase favorita del emperador cuando iba al circo.
Su muerte cumplió el canon de delirio que había teñido su vida, y pocos dieron crédito a su asesinato, pues se pensó que todo obedecía a un rumor difundido por el propio Calígula para sondear los sentimientos de su pueblo. Nada extraño si tenemos en cuenta las excentricidades que rodearon a su breve -tenía 28 años cuando murió- pero intensa vida.
En realidad, durante su periodo como emperador (37-41 d. C.), encontraremos a un déspota e insensato que adora a su caballo como a un dios, pero también a un joven príncipe que sustituye la imagen seria de su antecesor, el emperador Tiberio. Esta dualidad que lo rodeó de misterio no desaparecerá ni el día de su muerte.
Nacido en Anzio en el año 12, Calígula fue adoptado junto a su hermano Druso después de que Tiberio asesinara a su familia. Con el tiempo se convirtió en el predilecto del emperador y a los 19 es llamado para trasladarse junto a él a Capri. Tiberio necesitaba comprobar el carácter de su protegido y su fidelidad. Después de lo que le hizo a su familia, debía asegurarse de que no albergaba ansias de venganza. Para ello, el emperador no escatimó en medios y lo rodeó de espías para mantenerle controlado. Calígula superó la prueba, pero su tendencia hacia la tortura no pasó desapercibida.
Reinado de abusos y excesos
En el año 37, Tiberio muere en extrañas circunstancias y Calígula es proclamado emperador. "Que me odien, siempre y cuando me teman", exclama. Para hacerse respetar, concede autonomía a los jueces y devuelve los tronos a los soberanos de los pueblos limítrofes.
Pero su benevolencia duró poco. En octubre de ese año, una enfermedad trastorna su mente y le convierte en el loco cruel que la historia nos ha legado. A los senadores, por ejemplo, les exigía permanecer arrodillados durante horas. Decapitó estatuas de dioses griegos para colocar su cabeza en ellas. Y obligó a su suegro a degollarse por negarse a dar un paseo con él.
Los excesos de Calígula, por Suetonio
Gran derrochador
"Nada ambiciona tanto Calígula como ejecutar lo irrealizable. Es un derrochador. En menos de un año ha disipado todos los tesoros de Tiberio, que ascendían a 2.700 millones de sestercios".
El desequilibrado
"Tiene la parte superior de la cabeza calva y el cuerpo velludo. Por ello es delito mirarle desde lo alto. Piensa que se parece a una cabra, y ha decidido que si alguien pronuncia esta palabra en su presencia será ejecutado".
Esclavo de sus pasiones
"Su pasión por los que le agradan llega casi a la locura. Besa al payaso Mnester en pleno teatro, y si alguien hace el más leve ruido mientras baila, ordena llevar a su presencia al perturbador y lo azota con su propia mano".
Con su mascota Incitatus
"Quiere tanto a un caballo al que tiene por nombre Incitatus que en la víspera de las carreras del circo ha llegado a mandar soldados a imponer silencio en la vecindad para que nadie turbe el descanso del animal".


Fuente: Diario Público 8/1/2008

jueves, diciembre 13, 2007

Descubierto bajo la catedral de Tarragona un templo igual al dedicado a Augusto

La prospección geofísica realizada en el subsuelo de la catedral de Tarragona ha permitido localizar un templo de ocho columnas frontales igual al dedicado a Cesar Augusto en la antigua Tarraco, por lo que los arqueólogos dan prácticamente por seguro que se trata del construido en honor del emperador romano en el siglo I después de Cristo.
En una rueda de prensa, el arqueólogo del Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC) Josep Maria Macias ha revelado que se trata de un templo de 25 por 40 metros, cuyos vestigios se encuentran a un metro y medio de profundidad, bajo la actual nave central de la catedral. Estos restos corresponderían al templo de Augusto, tal y como afirman los arqueólogos, aunque no lo suscriben al cien por cien hasta que no realicen un estudio más profundo de los restos encontrados, y han subrayado que los resultados expuestos hoy tienen un carácter "preliminar". En este sentido, los responsables de las prospecciones han pedido "prudencia" y, para corroborar la principal hipótesis de los expertos, podrían realizarse algunas intervenciones arqueológicas selectivas a finales de 2008 o principios de 2009.
Además, el equipo de científicos del ICAC y de la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona, en colaboración con la Universidad de Palermo y el Museo Bíblico Tarraconense, todavía analiza los resultados de las prospecciones, que se realizaron el pasado mes de septiembre con tecnología "punta y poco agresiva". Estas técnicas, de inducción electromagnética, han permitido la obtención de "centenares de miles de datos de toda la extensión del subsuelo y hasta diez metros de profundidad", de modo que se dispone de "una imagen tridimensional" de las entrañas de la catedral.
La imagen tridimensional muestra un templo con una estructura de ocho columnas frontales, situado en el centro de una plaza porticada y que se levanta sobre un podium, los cimientos del templo, que todavía se conservan bajo el pavimento de la catedral. Esta estructura permite a los arqueólogos mostrarse "optimistas", por lo que el director del Museo Bíblico Tarraconense, Amadeu Muñoz, ha señalado que los datos recogidos dejan "poco espacio a otras interpretaciones" que no pasen por la existencia del templo de Augusto en los cimientos de la catedral de Tarragona. En la misma línea, la directora del ICAC, Isabel Rodá, ha reconocido que "la lógica dice que éste es el templo de Augusto".
La prueba de las monedas
El principal argumento para creer que los restos pertenecen a ese lugar de culto es que los vestigios se corresponden con unas monedas que se acuñaron en el año 15 después de Cristo con la imagen de Augusto, en una cara, y la de un templo con ocho columnas frontales dedicado al emperador romano después de su muerte, en la otra.
No obstante, Macias ha apuntado que "no sabemos si la imagen acuñada en las monedas se corresponde con el templo real", si bien ha asegurado que, de no tratarse del templo de Augusto, "tendríamos un problema, porque no sabríamos ante qué construcción estamos". Ya en los Anales de Tácito queda documentada la existencia de un templo de culto dedicado al emperador Augusto en la antigua Tarraco, e incluso parece probado que una embajada tarraconense viajó a Roma en el siglo I d.C y obtuvo el permiso de Tiberio, sucesor de Augusto, para la construcción del recinto.
Durante años se ha creído que el recinto de culto se ubicaba en el Fórum de la Colonia, en la Part Baixa, donde se desarrollaba la vida económica y social de la ciudad, pero las excavaciones realizadas en la zona no han arrojado luz sobre tal hipótesis y sólo han podido documentar la existencia de un templo republicano.

Diario El País 13/12/07

lunes, diciembre 10, 2007

Cuatro nuevas salas enriquecen la Casa de Augusto de Roma

La Casa de Augusto, en la colina romana del Palatino, se ha enriquecido con la restauración de cuatro salas presentadas hoy por el ministro italiano de Cultura, Francesco Rutelli, y que serán abiertas al público en marzo. La zona recuperada corresponde al ala este de la gran villa romana, parte que se construyó antes de la proclamación de Octavio como Augusto por el Senado de Roma, en el año 27, lo que le convirtió en el primer emperador.

Las cuatro habitaciones restauradas de la Casa de Augusto se encuentran en el lado septentrional del peristilo (jardín porticado con columnas), tres de ellas en el mismo nivel y la última en una altura superior, según ha explicado la directora del Palatino, Irene Giacoppi.
La situada en el piso superior es el estudiolo (despacho pequeño) del emperador, mientras el resto son el gran Ecus, sala dedicada a recibir visitas, que tiene pavimentos de mármol; además del "cubículo inferior" y el local de rampa junto a su antecámara, que comunicaba con la parte superior de la construcción.
El alcalde de Roma, Walter Veltroni, ha calificado de "absolutamente extraordinario" el estado de conservación de los frescos de las habitaciones, que "raramente puede encontrarse en obras de aquella época".
En las cuatro estancias destaca la decoración pictórica, que se ha conservado de manera "milagrosa" en comparación con el resto de domus de la misma zona, y que han sido sometidos a un largo proceso de restauración, ha explicado el superintendente arqueológico de Roma, Angelo Bottini. En su opinión, se trata de frescos de altísima calidad, con el máximo de las posibilidades de la época, que constituyen un importante ejemplo de pintura romana de finales del siglo I.

Diario El País 10/12/07

domingo, diciembre 09, 2007

El discípulo más Magno de Aristóteles

Robin Lane Fox, autor de 'El mundo clásico', rescata -corregida y aumentada- su monumental biografía de Alejandro Magno (Acantilado). En estos fragmentos se recogen las relaciones con su maestro Aristóteles y con su amigo más amado, Hefestión

Filipo sólo pudo designar al tutor griego más conveniente para un hijo que ya había dejado atrás al séquito de su niñez. El puesto era codiciado, y los candidatos que aspiraban a él constituían una muestra de la nueva influencia de Filipo. Durante mucho tiempo, cuando era un niño, y también más tarde como político, el padre de Alejandro había mantenido estrechos vínculos con los discípulos de Platón; en Atenas, el orador y maestro más famoso de la época había intercambiado una continuada correspondencia con él, de manera que como contrapartida a sus aduladoras cartas podía esperar que el puesto de tutor recayera en alguno de sus antiguos alumnos. Se tanteó a los candidatos de las lejanas islas del Egeo y de las ciudades de Jonia, donde fueron sondeados con el usual enfrentamiento académico, pero mientras los aspirantes entonaban alabanzas hacia Filipo, el rey preparó su plan: desde Lesbos mandó llamar al discípulo más brillante de Platón, Aristóteles, hijo de Nicómaco, "de piernas delgadas y ojos pequeños", y cuyas publicaciones filosóficas eran desconocidas hasta entonces.

No hay ni la más pequeña prueba de que Aristóteles influyera en Alejandro, ni en objetivos ni en métodos
Su relación masculina más intensa fue con Hefestión, según el modelo de Aquiles y Patroclo
"Le enseñó a escribir griego, hebreo, babilonio y latín. Le enseñó la naturaleza del mar y de los vientos; le explicó el recorrido de las estrellas, las revoluciones del firmamento y la duración del mundo. Le enseñó justicia y retórica, y le previno contra las mujeres libertinas". Ésta, sin embargo, sólo es la opinión de un poeta francés medieval, pues en las obras de Aristóteles que se han conservado, éste nunca menciona a Alejandro ni alude directamente a su estancia en Macedonia. Según Bertrand Russell, Alejandro "debió de aburrirse con el viejo y prosaico pedante", pero esto también es la suposición de un colega filósofo.
Aristóteles se habría sentido atraído por Macedonia debido a ciertas conexiones de carácter personal, pues su padre había ejercido como médico en la corte del rey Amintas III; Filipo también había mantenido relaciones amistosas con su antiguo patrón, Hermias, que conservaba una formidable tiranía local en la costa occidental de Asia y había casado a su hija con el filósofo. Posteriormente se dijo que Aristóteles aceptó el trabajo a fin de persuadir a Filipo para que reconstruyera en Estagira su pueblo natal, que se encontraba en ruinas y que ahora había sido anexionado a la frontera oriental de Macedonia; sin embargo, esta historia se contaba de demasiados filósofos en la corte como para que resulte especialmente convincente, por lo que la destrucción de Estagira fue, con toda seguridad, un error de la leyenda; puede que el motivo hubiese ganado crédito como respuesta a los que se quejaron, probablemente de manera injusta, de que Aristóteles llegó incluso a desdeñar a sus conciudadanos. En privado, Aristóteles recibió una gran suma por sus servicios, y este hecho, así como su testamento, prueba que murió como un hombre rico: según los rumores, Filipo y Alejandro también financiaron sus investigaciones sobre historia natural, asignándole guardabosques para catalogar los animales salvajes de Macedonia. Puesto que es posible demostrar que las observaciones de sus asombrosas obras sobre zoología se hicieron casi exclusivamente en la isla de Lesbos, el rumor es falso.
"En opinión de Aristóteles", dijo el más fidedigno de sus biógrafos, "el hombre sabio debe de enamorarse, intervenir en la política y vivir en la casa de un rey". Esta afirmación, si es auténtica, sugiere que la visita a Macedonia le habría dejado a Aristóteles un grato recuerdo. Los críticos se quejaron de que el filósofo se hubiese ido a vivir a un "hogar de barro y cieno", en alusión al emplazamiento de Pela a orillas de un lago, a pesar de que, al poco tiempo, Alejandro y sus amigos fueran enviados a Mieza, en las tierras bajas, donde pudieron estudiar en un apacible refugio con grutas y paseos umbrosos que se creía que estaba consagrado a las Ninfas; recientemente se han encontrado rastros del entorno escolar cerca de la moderna Naousa, pero estamos lejos de saber cuánto tiempo duró este interludio y con qué continuidad se enseñó a los muchachos. Dos años después, Alejandro estaba involucrado en asuntos de gobierno, y aunque es sabido que Aristóteles permaneció en Macedonia el siguiente verano, posiblemente ya no estaba allí en calidad de tutor.
Tanto si fue por poco tiempo como si no, Alejandro pasó esas horas escolares con una de las mentes más infatigables y de intereses más amplios que jamás han existido. Hoy día, Aristóteles es recordado como filósofo aunque, además de obras filosóficas, también escribió libros sobre las constituciones de ciento cincuenta y ocho Estados distintos, editó una lista de los vencedores en los juegos de Delfos, se ocupó de temas de música, medicina, astronomía, magnetismo y óptica, hizo observaciones sobre Homero, analizó la retórica, esbozó las formas de la poesía, consideró las partes irracionales de la naturaleza humana y puso la zoología en una correcta trayectoria experimental, en una serie de compendios que constituyen obras maestras, cuyos hechos se convirtieron en arte gracias al amor de un raro observador de la naturaleza; le intrigaron las abejas y empezó el estudio de la embriología, aunque la disección de cuerpos humanos estaba prohibida y sólo tuvo ocasión de procurarse y examinar fetos procedentes de abortos. El contacto entre el mayor cerebro de Grecia y su mayor conquistador es un tema irresistible, y su mutua influencia ha despertado desde siempre la imaginación.
"Los jóvenes", escribió Aristóteles, "no son el auditorio más adecuado para la ciencia política; no tienen experiencia de la vida y, puesto que todavía siguen a sus emociones, sólo escucharán sin un propósito, de manera vana". Probablemente quien habla aquí es un hombre que intentó inculcarle la filosofía a Alejandro y fracasó, pues no hay ni la más pequeña prueba de que Aristóteles influyera en Alejandro, ni en sus objetivos políticos ni en sus métodos. Sin embargo, escribió panfletos para él, quizá a petición suya, aunque no se ha conservado ninguno que pueda fecharse: sus títulos Sobre el reino, En defensa de las colonias, y posiblemente también la Asamblea de Alejandro y los Méritos de las riquezas, parecen temas adecuados para un hombre que habría de convertirse en el más rico de los reyes y en el fundador de ciudades más prolífico del mundo; sin embargo, Aristóteles ya había demostrado que era capaz de adular a sus patronos, y puede que estas obras hubiesen sido más un halago a los logros de Alejandro que un medio para aconsejarle nuevas ideas. Mucho se ha dicho del supuesto consejo de Aristóteles de "tratar a los bárbaros como a plantas y animales", pero puede que el consejo pertenezca a la ficción. A pesar de que Aristóteles compartía el punto de vista común de sus contemporáneos griegos de que la cultura griega era superior a las costumbres del este bárbaro, no se lo puede condenar como a un racista recalcitrante; Aristóteles se interesó por la religión oriental y alabó abiertamente la constitución por la que se gobernaban los cartagineses. Cuando Alejandro nombró a orientales para ocupar altos cargos en su imperio, se ha dicho muchas veces que la práctica le demostró la estrechez de miras de su tutor en relación con los extranjeros, pero sus diferencias no son tan agudas. El pensamiento político de Aristóteles se basaba en la vida de una ciudad griega, y fueron estas mismas ciudades griegas las que su discípulo diseminó desde el Nilo hasta las faldas del Himalaya, donde perduraron y fueron importantes durante mucho más tiempo que ninguna etapa monárquica, y a menudo se ha criticado a Aristóteles por no haber sido capaz de prever su supuesta importancia. Alejandro no sólo siguió siendo un griego en el mundo oriental a tra-vés de las ciudades que fundó, sino también a través de la cultura, y aunque la política y las amistades lo llevaron a incluir a orientales en el gobierno de su imperio, nunca adoptó la religión persa y es probable que nunca llegara a aprender de manera fluida una lengua oriental.
Pese a que la política no fuera el tema, un muchacho no podía evitar aprender de Aristóteles la curiosidad. Y para el muchacho de catorce años que era Alejandro, Aristóteles debió de parecerle menos un filósofo abstracto que un hombre que conocía las costumbres de las sepias, que podía explicarle por qué los torcecuellos tienen lengua o que los erizos copulan de pie; Aristóteles era un hombre que había practicado la vivisección a una tortuga y que había descrito el ciclo vital de un mosquito del Egeo. La medicina, los animales, la naturaleza de la tierra o la forma de los mares eran intereses que Aristóteles podía contagiarle y que Filipo ya había tratado, y cada uno de ellos formó parte del Alejandro adulto. Alejandro prescribió curas para la mordedura de serpientes a sus amigos, sugirió que una nueva variedad de ganado debía enviarse por barco desde la India hasta Macedonia y compartió el interés de su padre por la canalización y el riego, así como por la recuperación de las tierras yermas; sus agrimensores midieron a pasos los caminos de Asia, y él destinó su flota para que explorara el mar Caspio y el océano Índico; su tesorero experimentó con plantas europeas en un jardín babilonio y, gracias a los hallazgos de la expedición, el discípulo más inteligente de Aristóteles pudo incluir el baniano, la canela y una mata de mirra en libros que marcan el inicio de la botánica. Alejandro fue algo más que un hombre duro y ambicioso; tenía el amplio arsenal de intereses de un hombre curioso, y durante los días que pasó en Mieza, hubo temas suficientes para que dichos intereses salieran a la luz. "Es el único filósofo", dijo amablemente un amigo refiriéndose a él, "al que he visto siempre armado".
(...)
Alejandro no fue el único alumno macedonio de Aristóteles. El filósofo entabló amistad con Antípatro, un hombre cuya amplia inteligencia se olvida a menudo, y los hijos de Antípatro habrían ido a Mieza para tomar lecciones; lo mismo habrían hecho los pajes reales, y quizá también Hefestión, el hijo de Amintor, a quien Aristóteles dedicó una gran cantidad de cartas. Hefestión fue el hombre al que Alejandro amó, y, durante el resto de sus vidas, su relación siguió siendo tan íntima como ahora irrecuperable: Alejandro sólo fue derrotado una vez, dijeron los filósofos cínicos mucho después de su muerte, y fue por los muslos de Hefestión. Sólo hay una estatua que se le ha atribuido: de cabellos cortos y nariz larga, no parece excesivamente imponente, aunque su aspecto no debía de constituir su atractivo. Filipo había estado fuera en demasiadas campañas como para dedicar personalmente mucho tiempo a su hijo, y no siempre es descabellado explicar la homosexualidad de los jóvenes griegos como la necesidad de un hijo de reemplazar a un padre ausente o indiferente por medio de un amante mayor. No conocemos la edad de Hefestión, pero si se descubriera podría poner su relación con Alejandro bajo una luz inesperada: puede que fuera el mayor de los dos, como el héroe homérico con el que lo comparaban sus contemporáneos, un Patroclo mayor para el Aquiles de Alejandro.
En la Grecia antigua, una homosexualidad moderada era una alternativa sexual aceptable a las esposas y las prostitutas. Era una costumbre, no una perversión, y Heródoto dijo abiertamente que los persas la habían aprendido de los griegos, del mismo modo que los emigrantes ingleses la pusieron de moda entre la elegante sociedad australiana. El deseo homosexual extremo y promiscuo, así como la prostitución masculina, eran tan absurdos o aborrecibles como a menudo parecen serlo en nuestros días, pero entre dos jóvenes, o un joven y un adulto, estas relaciones no resultaban algo extraño; la homosexualidad, como había escrito Jenofonte recientemente, también formaba parte de la educación, en la que un hombre joven aprendía de un amante mayor. Estas relaciones amorosas podían costar caras, pero si era posible idealizarlas, no eran censurables en absoluto.
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La relación masculina más intensa de Alejandro fue con Hefestión, una relación que se presentaba según el modelo de la que en Homero mantenían Aquiles y Patroclo: hacia 350 antes de Cristo, ésta se entendía como una relación de tipo sexual, aunque los poemas de Homero no lo dicen claramente. En fuentes posteriores, Alejandro y Hefestión son descritos de manera explícita como "amante" y "amado", y sus contemporáneos daban este hecho por seguro. El sexo habría formado parte de su relación, aunque no sabemos exactamente quién hizo qué a quién. Tampoco sabemos (...) hasta dónde llegaba Alejandro en sus relaciones. Esto no le impidió tener primero una amante y después una esposa: quizá, como sucedía en el caso de muchos otros griegos jóvenes, se trataba de un affaire de la niñez, pero se apoyaba en un amor real que era mucho más fuerte y profundo que el mero sexo casual. Más tarde, Alejandro planeó los matrimonios de sus oficiales de manera que sus propios hijos se convirtiesen en primos hermanos de los de Hefestión. Cuando Hefestión murió, la pena que sintió fue inmensa y las conmemoraciones que planeó, sorprendentemente extravagantes, incluyendo la promoción de un culto de carácter heroico a Hefestión. Éste llegó a dirigir la caballería de Alejandro del modo más hábil y a servirlo como su "segundo en el mando", como se veía al quiliarca. Excavaciones recientes realizadas en Macedonia afirman haber descubierto un busto esculpi-do de Hefestión: su aspecto es convenientemente distinguido, un amante adecuado en el asunto amoroso que se consideraba el más extravagante de la antigüedad hasta que lo superó la pasión del emperador Adriano por el joven Antínoo, unos cuatrocientos años más tarde. A los treinta años, Alejandro todavía era el amante de Hefestión, aunque hacia esa edad normalmente la mayoría de los griegos más jóvenes ya habían dejado a un lado esa costumbre y un hombre mayor habría renunciado o se habría decantado por otros chicos más jóvenes. La relación de Alejandro y Hefestión era sólida; Hefestión acabaría dirigiendo la caballería de Alejandro con mucha habilidad y convirtiéndose en su visir antes de morir como un héroe divino y de merecer un culto póstumo.


Fuente : Diario El País 9/12/07